lunes, 14 de diciembre de 2009

1 comentario:

  1. Como pasa el tiempo. Pareciera que fue ayer, cuando aún nos dejábamos las rodillas en el pavimento del patio, o las manos dándole a la pelota de tenis en el insistente frontón irregular del lateral del teatro, o los dientes en la bola de los columpios. Como dice Luis Vicente, los tiempos han cambiado, y nosotros también. Lo que entonces eran sueños, ilusiones, hoy ya están de vuelta, quedaron atrás. El esfuerzo que nuestros maestros pusieron en nuestra educación, ya ha dado los frutos que tenía que dar. Y creo que pueden estar orgullosos. Como muestra, un botón: todos en la medianía de la cuarentena, y de una forma u otra, seguimos disfrutando de la pasión por el baloncesto, que Luis Aurelio, siempre D. Luis, nos inculcó. Echo de menos esos tiempos. Al igual que echo de menos al querido Monteagudo. Algunos de nosotros, tenemos la suerte de que nuestros hijos aún comparten aula en nuestro Oratorio. Es la prueba del tiempo que se escapa, pero también de la vida que se perpetúa en ellos. Y en la enseñanzas de esos profesores que gozarán del más alto título que puedo conceder: Mi Maestro.

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